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11 de Abril,  2009

“El columnista del New York Times THOMAS L. FRIEDMAN elogia el modelo de desarrollo sostenible de Costa Rica”


En una columna publicada el 11 de abril del 2009 en el New York Times, el Sr. Friedman describe algunas de sus aventuras relacionadas con las sensacionales atracciones naturales de Costa Rica. “(No) Drill, Baby, Drill. Mientras navegaba por el Río Tempisque de Costa Rica en una excursión ecológica, vi un cocodrilo devorar a un róbalo de un solo golpe. Tomo únicamente unos pocos segundos. La cabeza del cocodrilo salió de las aguas lodosas cerca de la orilla del río con un pescado de un pie de largo retorciéndose entre sus fauces. Lo mordió un par de veces con dientes filosos como navajas y luego volteó ligeramente su hocico y se tragó el pez entero. Yo nunca había visto eso.

En la actualidad, los visitantes pueden ver la increíble biodiversidad que hay por todas partes en Costa Rica – más del 25 por ciento del país consta de áreas protegidas – gracias a un sistema único que se estableció para promover su cornucopia de flora y fauna. Muchos países podrían aprender bastante de este sistema.

En Costa Rica, más que en cualquier otra nación que he visitado, se insiste en que el crecimiento económico y el ambientalismo deben trabajar de la mano. Han creado una estrategia holística para el crecimiento demandando que todo se tome en cuenta. Siendo que si una fábrica de químicos vende toneladas de fertilizantes, pero contamina un río – o una finca vende bananos, pero destruye un bosque que absorbe carbón y ayuda a preservar especies – esto es considerado crecimiento honesto. Usted debe pagar por el uso de la naturaleza. Se denomina “pago por servicios ambientales” – ahora nadie puede utilizar el clima, el agua, corales, peces y bosques de manera gratuita.

El proceso inició en los años 1990 cuando Costa Rica, que se ubica en la intersección de dos continentes y dos océanos, comenzó a apreciar de lleno el increíble tesoro de su biodiversidad – y comprendió que su futuro económico depende de la protección de la misma. Así es que hizo algo que nunca había hecho: agrupó la energía, el ambiente, las minas y el agua, todos bajo el cargo de un solo Ministerio.

“En Costa Rica, el Ministro del Ambiente establece las políticas para energía, minas, agua y recursos naturales,” explicó Carlos M. Rodríguez, quien ocupó dicho puesto del 2002 – 2006. En la mayoría de los países, señaló, “los Ministros del Ambiente están marginados.” Los ven como personas que tratan de guardar las cosas bajo llave, no como personas que crean valor. La labor de ellos es pelear contra Ministros de Energía que únicamente desean perforar la tierra para conseguir petróleo barato.

Sin embargo, cuando Costa Rica decidió nombrar un solo Ministro a cargo de energía y ambiente, “esto creó un pensamiento muy diferente de cómo solucionar problemas,” dijo Rodríguez, quien es ahora Vicepresidente regional para Conservation International. “El sector del ambiente logró influenciar las opciones de energía diciendo lo siguiente: ‘Mire, si usted quiere energía barata, la energía más barata a largo plazo es la energía renovable. No pensemos solamente en los próximos seis meses; pensemos en los próximos 25 años.’ ”

Consecuentemente, Costa Rica invirtió una enorme cantidad de recursos en energía hidroeléctrica, eólica y geotérmica y hoy día obtiene más del 95 por ciento de su energía de renovables. En 1985, utilizaba 50 por ciento de energía hidroeléctrica y 50 por ciento petróleo. Es todavía más interesante saber que Costa Rica descubrió su propio petróleo hace cinco años, pero decidió prohibir las perforaciones petroleras– para no contaminar su política ni el medio ambiente! ¿Cuál país prohíbe las perforaciones petroleras?

Rodríguez también ayudó a promover la idea pionera de que en un país como Costa Rica, que depende del turismo y la agricultura, los servicios que proveen los ecosistemas son importantes generadores de crecimiento y es necesario pagar por ellos. En este momento, la mayor parte de los países no se responsabilizan por las externalidades de varias actividades económicas. De tal manera, cuando una fábrica, un granjero o una planta eléctrica contamina el aire o un río, destruye un humedal, reduce la cantidad de peces o aumenta el cieno en un río – esto provoca que el agua no se puede utilizar – ese costo nunca lo agregan a su recibo de electricidad o al precio de sus zapatos.

Costa Rica tuvo la visión de que hay que remunerar a los terratenientes que mantienen sus bosques intactos y sus ríos limpios, porque los bosques conservan las cuencas hidrográficas y mantienen los ríos libres de cieno – lo cual beneficia a propietarios de diques, pescadores, agricultores y empresas de ecoturismo río abajo. Los bosques también absorben carbono.

Para conseguir fondos para costear estos servicios ambientales, en 1997 Costa Rica impuso un impuesto por emisión de dióxido de carbono – equivale al 3.5 por ciento del valor del mercado del combustible fósil – que se deposita en un fondo forestal para pagarle a las comunidades indígenas que protegen los bosques a su alrededor. Y el país impuso un impuesto al agua en el cual los que más utilizan agua – diques hidroeléctricos, agricultores y suplidores de agua potable – deben pagarle a los pobladores río arriba por mantener puros sus ríos. “Ahora hay 7.000 personas que se benefician de los impuestos de agua y de los impuestos por emisión de dióxido de carbono,” dice Rodríguez. “Se ha convertido en la principal fuente de ingresos para personas de bajos recursos. También realmente ha permitido que Costa Rica revierta la deforestación. En este momento tenemos el doble de bosques que teníamos hace 20 años.”

Mientras debatimos sobre un nuevo futuro de la energía, debemos recordar que la naturaleza provee un rango increíble de servicios económicos – desde la fijación de carbono, hasta la filtración del agua y la belleza natural para beneficiar el turismo. Si las políticas del gobierno no reconocen esos servicios y le pagan a las personas que se encargan de darle sostenibilidad a la naturaleza que nos provee dichos servicios, todo se descontrola. Terminamos empobrecidos ambos, la naturaleza y las personas. Todavía peor, empezamos a acumular una cuenta respecto al clima – el cambio de los gases de efecto invernadero, los dictadores petroleros y la pérdida de la biodiversidad, esto se lo cargarán a nuestros hijos en sus tarjetas de crédito en el futuro. Después se terminó. Después será muy tarde.”
 
 
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